Soy una incomprendida. Alguien raro en un mundo de normales, o la única normal en un mundo de raros. Soy una de esas personas que se pregunta cosas que a la mayoría de gente le da igual, que concede importancia a algo que los demás ignoran, y que ignora por qué extraño motivo el mundo concede tanta importancia a determinadas cosas. También soy un poco loca, o considerando quizás la proporción en el mundo, ustedes son los locos y no yo.

Sunday, October 14, 2012

Photobucket
"En una de las muchas entrevistas que le hicieron tras ganar el Nobel, el gran Vargas Llosa dijo: «Lo más importante que me ha pasado en la vida ha sido aprender a leer». Exacto, qué bien dicho. Es una de esas frases sencillas y certeras que iluminan el mundo y te permiten entender mejor tu propia vida. ¿Qué hubiera sido de mí sin la lectura? No puedo concebirlo: incluso dudo de que siguiera siendo humana. Sin libros, tal vez hubiera sido un marsupial o un paquidermo, pongo por caso. Quiero decir que me es tan difícil imaginarme sin leer como imaginarme transmutada en hipopótama.

En su precioso libro Letraheridos, la escritora Nuria Amat propone un juego para literatos: si, por un maldito capricho del destino, tuvieras que elegir entre no volver a escribir o no volver a leer nunca más, ¿qué escogerías? Sin duda se trata de una disyuntiva muy cruel; la mayoría de los novelistas hemos empezado a escribir de niños y la escritura forma parte de la estructura básica de nuestra personalidad. Es una especie de esqueleto exógeno que nos permite mantenernos de pie; de hecho, creo que muchos sentimos que, de no escribir, nos volveríamos locos, nos haríamos pedazos, nos descoseríamos en informes fragmentos. Teniendo en cuenta todo esto, parecería que la respuesta es fácil de deducir, ¿no es así? Pues se equivocan. He planteado esta interesante cuestión a más de un centenar de autores de diversos países, y sólo he encontrado a dos que hayan escogido seguir escribiendo. Los demás, yo incluida, hemos elegido sin ninguna duda poder seguir leyendo. Porque la mudez puede acarrear la indecible soledad y el agudo sufrimiento de la locura, pero dejar de leer es la muerte instantánea. Sería como vivir en un mundo sin oxígeno.

Siempre me ha dado pena la gente que no lee, y no ya porque sean más incultos, que sin duda lo son; o porque estén más indefensos y sean menos libres, que también, sino, sobre todo, porque viven muchísimo menos. La gran tragedia de los seres humanos es haber venido al mundo llenos de ansias de vivir y estar condenados a una existencia efímera. Las vidas son siempre mucho más pequeñas que nuestros sueños; incluso la vida del hombre o la mujer más grandes es infinitamente más estrecha que sus deseos. La vida nos aprieta en las axilas, como un traje mal hecho. Por eso necesitamos leer, e ir al teatro o al cine. Necesitamos vivirnos a lo ancho en otras existencias, para compensar la finitud. Y no hay vida virtual más poderosa ni más hipnotizante que la que nos ofrece la literatura. De modo que aquellos a quienes no les gusta la lectura sólo serían individuos que aún no han tenido la suerte de encontrar su precioso libro-­llave personal. Verán, yo creo mucho más en esta predestinación que en la amorosa. En realidad me es bastante difícil confiar en la existencia de una media naranja sentimental, de un alma gemela que ande pululando por ahí a la espera de que un día nos tropecemos. Pero en los libros, ah, eso sí: en los libros sí creo. En el susurro embriagador de las buenas novelas. En las historias que parecen estar escritas solo para mí.

(...) Creo que, desde los cuatro años, todos los días he leído algo, siquiera un par de líneas. Los libros son la presencia más constante de mi existencia. Mi mayor apoyo. En muchos sentidos, el amor de mi vida." 
 
Rosa Montero

Thursday, October 11, 2012

Photobucket Photobucket Photobucket Photobucket
Creo que tengo un problema porque amo la playa como nunca podré llegar a amar a ningún hombre.

Friday, September 28, 2012

Photobucket
Antes he mirado el móvil y me he quedado embobada contemplando mi fondo de pantalla, una imagen de mi último día en la playa de San Juan, antes de venir aquí. Mi preciada playa, que se despidió regalándome un día nublado y con mucho oleaje, de los que más me gustan a mí. Y es que si algo voy a echar mucho de menos de la ciudad en la que he vivido dieciséis años de vida, es eso, mi querida playa, mi querido mar, la enorme compañía y tranquilidad que me han dado estos últimos meses. Casi me entran ganas de llorar al recordar que en Madrid por mucho que ande nunca podré toparme con ese horizonte azul que a veces se pierde y hasta se confunde con el cielo, ni podré cerrar los ojos y escuchar las olas romper y acercarse paulatinamente a la orilla a saludarme para luego volver a meterse mar adentro, bueno, nunca tampoco, siempre existe la opción de caminar durante más de 450 kilómetros y llegar a la costa, pero creo que es una idea que descarto. Al menos sé que ella esta allí, esperando, que no se va a mover. Ella, mi playa, la que jamás, por más que quiera, va a dejarme de lado. (...)

Saturday, September 22, 2012

Photobucket Photobucket
(...) Mi cama, sobre la que me encuentro, me recuerda que en ella los más amargos y los más sazonados sentimientos he palpado. Para mi gusto, hay dos partes del día que definen cómo es verdaderamente una persona: justo cuando se despierta y justo cuando se acuesta. Es en esa soledad cuando dejamos emerger con plenitud todos los pensamientos que nos aturullan a diario, constante y disimuladamente. Y es que cuando las personas se encuentran enfrentadas tan solo a su mente, a su cerebro, abrillantan su cara más vulnerable y se tuercen hacia su lado más humano. 

Profunda, extrema, grande, maravillosa, indescriptible, inmensa felicidad me imperaba esa mañana de verano que auguraba el comienzo de un día, que a fecha de hoy, resulta, creo que lamentablemente, uno de los más memorables hasta el momento. Cual jovencita en plena edad del pavo permitía que esos nervios y esa ingenua ilusión se apoderasen de mí. Todos juntos esperábamos algo, te esperábamos a ti. 

Llevo meses haciendo cosas porque tú me las has dicho, llevo mucho tiempo descubriendo cosas increíbles gracias a ti. Me he enamorado entre comillas de personas porque son similares a ti. Formas parte de mi crecimiento, me acompañas todos los días y nunca estás a mi lado. Haces que el rímel tinte de negro mis mejillas y me ayudas a descubrir todo lo que desconocía que se podía llegar a sentir. Despiertas un sentimiento de protección agarrado de la mano a una gran impotencia que ya no aguantaban más y demasiado han tardado en estallar. 

No sé como son las declaraciones de amor, sólo las he visto en las películas, y me parecen bastante ñoñas, y cursis, y cutres. No sé qué es esto. 

A mí, personalmente, claro que probablemente no coincidamos, me llenaría de emoción saber que en mi completa ignorancia he alimentado, e incluso sigo alimentando, la alegría de una persona ajena. Y quizá sea sólo ése el mensaje que pretendo que te llegue. No puede haber algo más grande que el hecho de ayudar a crecer un sentimiento sin hacer nada. Un buen sentimiento. Porque detestaría todo aquello que pueda hacerte daño al igual que me alegra todo aquello que te hace feliz. 

No conozco apenas nada de tu entorno. Sé con certeza que si te asomas al balcón en una noche como la de hoy probablemente no veas ninguna estrella. Quizá las cigarras te molesten. Yo las mataría a todas por ti.

Tuesday, September 11, 2012

Photobucket
Sé de sobra que no nos fabricaron para estar juntos. Tú llevas la etiqueta de no se qué historia, y la mía narra una muy diferente.
Al rozarnos, hay dos núcleos que chocan y comienzan a entrelazarse apasionadamente para enseguida separarse un milímetro y rebotar cada uno hacia un extremo sin tener la más mínima intención de volver a entrar en contacto por mucho tiempo. 
Es una jodida puta mierda, pero es así. 
Un día deseas reventar hasta el último huesecillo que compone mi cuerpo apretándome entre tus brazos, y al siguiente pagarías por tener asegurado que no volverás a cruzarte con esa mirada de la que soy dueña. La misma que ha custodiado minuciosamente la maravilla que supone cada detalle de tu piel a una distancia de tu rostro que ni siquiera me permitía respirar fácilmente, a la par que sentía escapar con fuerza de tu naricilla, casi como si de tus ultimos suspiros se tratase, un aire que chocaba, con la que queda a la altura de tus hombros, mi frente. 
Y perderás, al igual que ya has perdido, tiempo en empeñarte que no soy la persona adecuada ni correcta. Que todo ha sido siempre un error. Que todo ha terminado siempre en una dulce catástrofe. Y qué cojones importa cómo sea o qué forma tenga ese persona correcta o adecuada, y para qué ibas a molestarte en buscarla mientras sigas pudiendo abrir los ojos cada mañana y saber una única cosa con certeza de todos los años que llevas viviendo, o viendo la vida pasar: que al único ser humano al que vas a poder agarrarte siempre que todo a tu puto alrededor te dé la espalda y se esté desmoronando, soy yo. 
Tal vez lo único que suceda es que somos alérgicos. Yo a ti. Tú a mí. Necesitamos pasar una revisión para que un tercero nos lo remarque por escrito: "Eso NO. A eso NO te tienes que acercar. Eso NO se toca. Ni mucho menos se prueba, se muerde o se saborea. Eso está prohibido.". Pero mejor, que ni se moleste, porque me lo paso de putísima madre sáltandome a conciencia cada una de esas supuestas prohibiciones.
Y mientras tanto, y por siempre, que yo siga evaporándome entre las letras de esa canción a la que, diablos, no sé cómo coño no cambian el título y le ponen tu nombre, porque no puede llamarse de otra manera. 
Y que el resto del planeta siga pensando lo que quiera. Todavía no han entendido por dónde nos metemos todo aquello que se atreven a conjeturar. Que nosotros ya tenemos garantizado ser los protagonistas de al menos uno de esos memorables y emotivos momentos, que cuando recuerdas sé que hace que esboces sin ni siquiera darte cuenta una de tus mejores sonrisas.

Wednesday, September 5, 2012

Photobucket Photobucket
Una amiga y yo, hace un par de días, estábamos esperando frente al ascensor de un antiguo edificio, justo cuando de él salió una viejecita quejándose entre refunfuños de que habíamos dejado la puerta abierta y éste no bajaba,  por lo que a punto estuvo de subir andando a su casa cargada de bolsas. La viejecita que, a ojo, aparentaba tener unos ochenta y pico años, presumía de una cabellera blanca, corta, escasa, enredada y cardada hacia arriba, de una piel bastante arrugada y manchada por el paso de los años, y de unos débiles huesos que apenas le permitían agacharse a recoger las bolsas de comida y los cartones de leche que en el suelo reposaban. Mientras yo agarraba la puerta para mantenerla abierta y que ella pudiese salir con facilidad, mi amiga, a la par que se disculpaba alegando que desconocíamos el funcionamiento del ascensor ya que no vivíamos en ese edificio y sólo estábamos allí para ver un piso en alquiler, ayudaba a la viejecita a transportar todas las bolsas hasta la puerta de su casa. Las dos, en nuestro acto más compasivo del día, le preguntamos si también necesitaba que las llevásemos hasta dentro de su hogar, a lo que la viejecita, con una sonrisilla y un entrañable tono de voz, contestó que no hacía falta y se disculpó por habernos hablado de aquella manera al principio, añadiendo en su despedida un "a ver si acabamos siendo vecinas".
Más tarde, recordándolo, desperté toda la ternura que se esconde en cada huequecillo de mi cuerpo y lo único que me limité a pensar y desear fue que ojalá esa adorable viejecita viva feliz y saludable los años de vida que quiera que sea que le queden. Incluso deseé su inmortalidad, esa tan inalcanzable y que desde hace tanto tiempo anhelo yo misma.
Y justo un pelín después, me pregunté si soy la única loca del planeta que alguna vez ha sentido algo así por alguien cuyo rostro ni siquiera recuerda y a quien quizá seguramente no vuelva a ver.
Y ya, más tarde todavía, imaginando la manera en la que aquella viejecita debió estar cagándose, mientras subía por el ascensor, en toda nuestra familia sin saber siquiera que aspecto o forma de ser teníamos, me di cuenta de lo gracioso que me resulta pensar en la cantidad de veces que nos equivocamos al adjudicar ciertas maneras de ser a gente que no conocemos de nada, lo que podemos llegar a detestar a  alguien sin haber cruzado previa palabra, y cómo cambia la visión que teníamos acerca de una persona después de haber mantenido con ella una mínima conversación. Al fin y al cabo, terminamos siendo todos iguales. 

Sunday, September 2, 2012

Photobucket Photobucket
"(...) No me cabe duda de que muchas mujeres coincidirán conmigo en que los hombres más guapos son aquellos que lo ignoran. Sea por inconsciencia, por despiste o porque no le dan importancia a sus atractivos, carecen del síndrome de Narciso y, como consecuencia, tienen esa ausencia de vanidad en la mirada que los hace irresistibles. Estos, los que nos gustan más, para qué nos vamos a engañar, tienen pelo. Si están depiladitos, te los imaginas en la acción de depilarse y se te evapora la libido en un santiamén. Por supuesto, si tienen muchos pelos en la espalda que les haga confraternizar peligrosamente con el hombre lobo, mejor pasar la podadora; pero si el vello tiene el buen gusto de estar donde debe, en esos sexys y estratégicos lugares donde la naturaleza se encuentra con la lógica... ¡Ay! Don't touch it, please!"

Saturday, September 1, 2012

Photobucket
No, ahora en serio, ¿qué hay de los asesinos de almas, o… de los creadores de sonrisas? A menudo comparten profesión. Construir y destruir felicidad en enormes cantidades, ese es su hábito. Lo más curioso es que algunos lo llevan a cabo inconscientemente. Algunos, más bien la mayoría, lo hacen a diario sin haberse leído antes el manual que les explica cómo realizarlo. Son los seres más poderosos de la Tierra, y cuando construyen pocas veces se les reconoce algo, al igual que cuando destruyen, pocas veces se les recrimina algo. ¿Existe alguna cosa que pueda ser mejor o tan solo equipararse a ser el nombre y apellidos de la felicidad de alguien, sin saberlo? De la misma manera que… ¿Existe algo peor que ser el causante principal de la tristeza o decepción de alguien, sin saberlo? 
Si muchas veces pienso que hay gente que de primeras se merece que repentinamente le cuelguen una medalla del cuello en reconocimiento a todo aquello bueno que hace sin saber, no son pocas las veces que he pensado que alguien merece también todo ese reconocimiento, pero justo por lo contrario. Una buena somanta repentina de bofetadas por todo el daño que ha causado. 
El problema llega cuando ambas cosas se enzarzan, cuando la tristeza y la dicha vienen cogidas de la mano, provocadas por el mismo ser. ¿Qué debemos hacer con tal individuo, entonces? ¿Abofetearle para luego entregarle lo mejor de nosotros? ¿Reconocerle los subidones de felicidad causados por su culpa, para más tarde reprocharle la gran desgracia causada, también, por su culpa? ¿Entregarle una rosa para luego arrebatársela y pisotearla? ¿O, mejor, limitarte a asumir que eres el ser más gilipollas del planeta por permitir que alguien que verdaderamente jamás te ha aportado nada tenga ese enorme poder sobre tus sentimientos y estados de ánimo? Pero no espero obtener la respuesta acertada a todo este conjunto de preguntas. Al menos no por parte de un cerebro humano. Dado que creo que precisamente nos caracteriza ser la raza más masoca, pues dudo que cualquier animal vaya, como muchos de nosotros, correteando detrás de alguien o algo que le ha hecho, e incluso le sigue haciendo daño.
Y concretamente, en cuanto a ti, que nunca he sabido ni sabré muy bien qué grupo asignarte de los dos que menciono al principio, ya que tal vez seas esa mezcla de ambos que menciono al final… Sólo puedo decir que no hay día que te vea pasar por delante y me tenga que aguantar las ganas de gritarte "¡¡¡Tienes un don y es un crimen que la gente no lo vea!!!".

Wednesday, August 29, 2012

Photobucket Photobucket Photobucket
"Me pregunto a cuántas cosas terribles les estaremos dando la espalda en estos momentos. Cuántas verdades brutales estamos prefiriendo no conocer. (...) De manera que el Mal existe, sí. De eso no cabe, por desgracia, la más pequeña duda. Pero también, por fortuna, existe el Bien."

Tuesday, August 28, 2012

Photobucket Photobucket
(...) Cuando pienso que no me apetece una puta mierda quedarme toda la noche estudiando porque al día siguiente tengo examen, me acuerdo de que dentro de no tantos años anhelaré precisamente ese momento y desearé tener el libro de cualquier tipo de materia delante, para perder horas y horas de vida con él. Y se me meten en el cuerpo unas putas ganas de seguir aprendiendo cosas, aunque esas cosas me resulten totalmente indiferentes, que hasta me siento afortunada de tener la obligación de memorizarme un libro entero de pe a pa que no me interesa una puta mierda. Hasta me apetece locamente abrir ese libro y leer cosas aburridas. Leer cosas aburridísimas que, como todo estudiante, seguro pienso que no me servirán para nada. 
Me siento afortunada de tener la posibilidad de presentarme a un examen, y de cagarme mentalmente en toda la familia del profesor por lo dificilísimo que supuestamente lo ha puesto. Me siento afortunada de tener la oportunidad y el 'placer' de creerme la personas más desdichada y sobre la que más injusticia ha caído, sólo por el mero hecho de haber suspendido un examen. Me siento afortunada de haber ido a un colegio y de más o menos haber podido elegir que estudiar después. Me siento afortunada de desear pegarme un tiro cuando un profesor pronuncia mi nombre como candidata a la hora de hacer una exposición o responder a cualquier pregunta. Me siento afortunada de creer que se acaba el mundo la tarde antes a un examen hostia. Hay gente que no sabe ni que es un libro.

Thursday, August 23, 2012

Photobucket
"Se supone que no había que tomarlo todo de forma tan literal. Es una bella historia la de Adán y Eva. Está repleta de moralidad, pero esperar que un adulto se lo crea, vaya… Es una bella historia. 
El catolicismo está basado en un error de traducción. ¿Estás ocupado? Te contaré toda la historia; al traducir la palabra "muchacha" del hebreo los eruditos de la Septuaginta usaron por error la palabra "virgen" en griego. Fue fácil cometer este error ya que no había más que una diferencia sutil en la ortografía. 
Y entonces inventaron la profecía que dice "he aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo". ¿Lo entiendes? Fue la palabra "virgen" la que llamó la atención. No son todos los días que una virgen concibe y da a luz un hijo. 
Ahora espera unos cuantos siglos y, mira por dónde, aparece la "Sagrada Iglesia Católica"... Lo que te digo es que no sólo porque esté escrito tiene que ser verdad; eso da esperanza. No importa si es verdad o mentira, a la gente le gusta creer en algo."

Sunday, August 19, 2012

Photobucket
"Todo puede provocar el surgimiento de la escritura. Una pérdida, un gozo, las sombras chinescas de la memoria, una ballena blanca, la guerra de Troya, un olor a lilas… pero el tema real de los libros, su tema único, es el lector en el momento en el que lee y la turbación que le viene de esa lectura, como encuentro de sí mismo consigo mismo. 

(...) Imposible hablar del amor sin pronunciar al mismo tiempo una cantidad inverosímil de tonterías. No se puede decir nada del amor, solamente hablar con él, en él."

Tuesday, August 14, 2012

Photobucket
"Cosas irreales que tan sólo subsisten en la medida de nuestros miedos y de nuestra necesidad de ser tranquilizados: el sentimiento amoroso. La literatura, con la excepción de la poesía. La manera de contar el mundo en los periódicos. La seducción, la venganza, los honores. La conciencia que tenemos de nosotros mismos. Las escrituras de propiedad, las agendas y los calendarios.

Cosas innegablemente reales: el hambre. El frío. La poesía, toda la poesía. Mozart. El dolor de muelas. La dicha. La luz de las estaciones del año. Las voces que no oiremos más. El deseo de justicia. La falta de amor. La dicha, una vez más, sobre todo.

Cosas a las que acompaña un ligero dolor: no encontrar ya nada que leer. Salir de mi casa para coger un tren. El empujón del lunes, los domingos por la noche. La mirada de las vendedoras en las tiendas de lujo, cuando se identifican con lo selecto de lo que venden.

Cosas que vienen por defecto en lugar de otras: la ambición. El dinero. Limpiar los cristales. Ordenar fotos. La ira. Los viajes.

Cosas que ocupan todo su espacio y tienen en sí mismas su propia suficiencia: atar los cordones a un niño. Leer un libro de un tirón, rodeándonos la noche. Cambiar el agua de las flores. La huella de un gorrión en la nieve recién caída. El amor."

¡Felices 19 linda flor!

Tuesday, July 31, 2012

Photobucket Photobucket
Escribir o lo que es igual; amar con reciprocidad

Thursday, July 26, 2012

Photobucket Photobucket
Siempre pienso que si alguien o algo me concediese la oportunidad de pedir un deseo, respondería: "Deseo la Felicidad de todos aquellos a los que conozco, a los que simplemente he saludado alguna vez o con los que de cualquier tipo de manera tengo una mínima relación. Deseo la felicidad de todas esas personas, de las que quizá tan solo sepa su nombre, a las que quizá jamás vuelva a ver y las que seguro jamás dejarán de odiarme. Deseo la felicidad de todos y todas, ya sean conocidos o absolutamente ajenos a mí, de los que durante apenas tan solo dos segundos de mi vida, han formado parte de ella. Deseo la Felicidad de todos ellos, y por supuesto, la mía".

Wednesday, July 25, 2012

Photobucket
Ni siquiera cuando mis sábanas cubren mi torso entero hasta la barbilla se me ocurre imaginar que algún día amaneceré abrazada a ti. 
Jamás mi cerebro ha tenido la intención de reproducir en esa pantalla irreal que cada uno poseemos dentro de nuestra cabeza la imagen de dos siluetas, dos siluetas que deduzco seríamos tú y yo, paseando juntas por un parque, correteando entre montones de arena o diciéndose “hasta mañana” tiernamente bajo la luz de una farola. 
Hace tiempo escondí mi ingenuidad, hace tanto tiempo… que por más que he intentado buscarla jamás la he conseguido volver a atrapar. Se perdió entre los montones de recuerdos y objetos con o sin valor que amontono por mi habitación. 
El otro día se me ocurrió salir al jardín, encontré la semilla de la que dicen es la flor más bonita plantada en una modesta maceta, llevaba ahí meses, pedía a gritos que alguien vertiese agua sobre ella antes de que fuese tarde. Pasé de largo… No la escuché creo, quizá me hice la sorda.

Tuesday, July 17, 2012

Photobucket Photobucket
No puedo imaginar las facciones de tu cara de cerca. No sé como son tus ojos mirando fijamente a los míos. Alguna vez lo he sabido, ha sido escaso, breve, diminuto, quizá por eso no pueda recrearlo en mi mente. Ha sido glorioso. Lo que sí tengo atravesado en el pecho es el tacto de tu pelo y las pequeñas dimensiones de tu mandíbula escurriéndose entre mis manos. Me llena de regocijo. 
Tengo un corazón, que aseguro, es pequeño. Tiene que ser pequeño por narices, ¡me cabe en el pecho! Pero hay algo dentro de él, abstracto, que no sé muy bien como se llama, pero pide salir a gritos y se desborda, invade cada recoveco y trata de dominarme. No sé que coño le pasa a ese capullo que se ha apoderado de mi pequeño músculo, pero cuando te ve hace que éste palpite increíblemente más fuerte, apresurado, casi saliéndoseme por la boca. Y luego lo vuelve a parar de golpe, lo cesa. Y provoca que sienta como si sobre cada poro de mi piel floreciesen a la vez puñados y puñados de margaritas, como si de una mañana primaveral se tratase. Y enseguida mi cuerpo simula como una pradera llena de flores invisibles que me hacen vomitar una sonrisa y guardarme para dentro, en el recuerdo, este instante. 
Me machaco. Constantemente tengo presente que para ti ni una décima parte de este sentimiento que me invade coexiste con tus pensamientos hacia mí. (...)

Thursday, July 12, 2012

Photobucket
"(...) Hay instantes en los que amo a cada uno de los que tienen que ver con mi vida, incluso a aquellos cuyos deseos me resultan ajenos u hostiles. Me entran entonces ganas de coger el teléfono, llamar a unos y a otros sin excepción, y decirles: «Te amo en tu totalidad, en todo lo que en ti no se me parece, te amo tal y como vas, vivo, viva.» Y si no lo hago, es únicamente por miedo de acabar en el hospital psiquiátrico totalmente loco y totalmente radiante."

Christian Bobin, no podrías expresar mejor innumerables pensamientos que me aturullan a diario

Sunday, July 8, 2012

Photobucket
Vivimos rodeados de tópicos que a menudo nos absorben el cerebro y no nos permiten ver más allá de lo que nos dictan. Nos dedicamos a enunciarlos con asiduidad y pocas veces nos paramos a analizarlos. Es habitual escuchar frases hechas como "nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes" u otros derivados que nos hacen pensar que sólo valoramos las cosas cuando nos faltan, que sólo las añoramos cuando ya no están y que nunca las disfrutamos al máximo mientras las poseemos. Mentira. Unos más, otros menos, pero todos sabemos valorar a diario las cosas de las que se nos ha hecho dueños. Todos somos conscientes de aquello a lo que nos podemos atener en cada momento, de aquellos a los que podemos acudir en cada momento, y es cuando faltan cuando notamos el hueco tan grande o tan pequeño que dejan en nosotros, y cuando deliberamos realmente cuan importante han sido. Pero no es entonces cuando más lo echamos de menos ni cuando más lo valoramos, eso es una trola que se han inventado no sé muy bien para qué.

Todo este rollo viene a dirigirse a algo mucho más simple, a algo paralelo a las cosas que nos rodean, a algo que siempre está presente pero a lo que no siempre se le toma como presente: la dependencia. 

Tratan de vendernos que en los tiempos que corren es inconcebible que alguien viva, por ejemplo, sin internet. Parece obvio que a cualquier persona vaya siempre adjunto un teléfono móvil, un ordenador, cualquier aparato electrónico, y termina pareciéndonos raro que sea al contrario. "Yo nunca veo la tele", "Yo no tengo un smartphone", resultan afirmaciones que producen una reacción de sorpresa y extraño para el receptor, cuando lo cierto es que hay un gran porcentaje de población en el mundo que jamás ha tenido ningún aparatejo de esos entre sus manos, ni jamás lo tendrá. Pero a ti te extraña, en tu país desarrollado, que alguien con quien te codeas tampoco posea nada de eso. 

Nos han manipulado disimuladamente para hacernos creer que dependemos de cosas materiales, y no es cierto. Depender, como bien indica su primera acepción en el diccionario quiere decir “Estar conexo o condicionado por algo para existir o tener lugar”. Y el ser humano cuando nace, nace solo, al menos, que yo sepa, ninguna mujer en el mundo ha parido una criatura a un teléfono pegado. Dependes de un corazón y de un cerebro para vivir, dependes de tu madre durante nueve meses y dependes de tus ganas para levantarte cada día también. Pero no de nada material, ni tan siquiera de tu propio brazo. Mucho menos de una persona, ya que tampoco nadie depende de nadie para seguir viviendo, y todo lo oscuro que muchas veces se ve cuando alguien se desprende de nuestras vidas, termina con el tiempo iluminándonos el camino hacia la verdad menos universalmente reconocida: eres autosuficiente para vivir solo, para vivir sin nada. Así que cuando pierdes a alguien o pierdes algo, solo tienes que mirar hacia todas las personas que siguen a tu lado y hacia todas las cosas que sigues poseyendo, y recordar que aun sin todo eso podrías seguir viviendo. 

Hemos sido creados para no necesitar nada más que con lo que se nos viene dado. La gente, los lugares y las cosas que aparecen en nuestras vidas no son más que adhesivos cuya función es adornarla y darle color, hacerla divertida, aportar vivencias que hagan que merezca todavía más la pena abrir los ojos por las mañanas, ponerte obstáculos y ayudarte a superarlos para que puedas sentirte capaz de alcanzar cualquier cosa,  pero que... tan fácil se pegan, tan fácil se despegan. O, ¿acaso alguien depende de una pegatina para vivir?

Friday, June 29, 2012

Photobucket Nuestro único trabajo es cuidar de la vida. Lo concluimos cuando los que amamos pueden encontrar su sustento lejos de nosotros, a pesar de nuestra ausencia, y tal vez: gracias a nuestra ausencia.

Wednesday, June 27, 2012

Photobucket Photobucket
Creo que no sabemos donde tenemos que buscar la felicidad.
 La mayoría de las veces nos equivocamos de lugar, de cosa o de persona.
Está donde menos la esperamos. Se esconde en sitios verdaderamente fáciles de descubrir. Incluso se nos presenta delante, clara, con una capa transparente. Y no sabemos verla. Si nos fijamos, podemos encontrarla en cualquier lado. En cualquier acción. En cualquier gesto. En cualquier desconocido.
Afligida me encontraba en un supermercado. La gente andaba con prisa de arriba a abajo, cargando con toda esa comida, empujando con fuerza todos esos carritos. Veía rostos cansados, aburridos, fatigados, deseosos por salir de ahí. Yo tampoco me sentía mucho mejor que ellos.
Nada distinto a ese ambiente mustio y desganado parecía que me fuese a deparar ninguno de los pasillos por los que deambulaba.
De pronto, crucé mi mirada con la de un bebé que reposaba sobre su correspondiente asiento, me sonrió. Vi dos dientecillos sobresalir por unos finos y diminutos labios. Y me invadió tal sentimiento de felicidad de pies a cabeza, que sentí todos los huesos de mi cuerpo chocar de alegría y a cada músculo de mi cuerpo sonreír.
Puede que la clave para encontrar la felicidad sea precisamente dejar de buscarla.